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Hay que explicarles la importancia de la gratitud, de dar las gracias al otro, este hecho da felicidad, tanto a quién las da para responder con el afecto, como a quien las recibe por una buena acción. Pero, ¿Qué cosas puedo hacer para que mis hijos sean agradecidos? Te dejamos aquí 5 actividades para enseñar la gratitud a los niños.

1. Dar ejemplo: Esta es rotunda; DA EJEMPLO. No puedes pedirles a tus hijos que den las gracias, si no te ven a ti hacerlo, es así de sencillo. Los niños aprenden por imitación, si tu no lo haces, ellos tampoco.

2. Apreciar lo material y lo inmaterial: Enseñarles que se pueden dar las gracias por lo material, o por pequeñas acciones no materiales.

3. Ser agradecido con uno mismo: Que sean agradecidos con ellos mismos por pequeños gestos o acciones que hagan, como preparar la mochila, hacer la cama, etc.

4. Gracias al final de las frases: Que se acostumbren a terminar las frases con la palabra “gracias”.

5. La palabra mágica: Que sean conscientes que es una palabra mágica, que mejora las relaciones entre las personas y que emocionalmente incluye dentro de sí mucha empatía.

El propósito es reflexionar lo que tuvimos en el día y agradecerlo. Pide a los niños que mencionen al menos 5 cosas que pueden agradecer y después de unos días superar el número. Quizá al principio les cueste trabajo encontrar 5 cosas, es normal, podrás ver que poco a poco se les hace más fácil hacerlo, ya que van practicando la habilidad de darse cuenta de lo que tienen y lo que les pasa. Con estas acciones, un niño empieza a ser agradecido, y un niño que es agradecido suele ser más paciente y tolerante con los que le rodean, suele ser más altruista y empático, menos egoísta, lo que provoca menos problemas de conducta, y sobre todo es más optimista y positivo.

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FAMILIA

Día de Acción de Gracias, ¿Qué enseña a los niños?

En Estados Unidos este día es casi más importante que el día de Navidad. Y se celebra como tal. Las familias se preparan durante toda la semana, se felicitan con antelación y las calles este día se quedan desiertas. ¿Qué tiene el Día de Acción de Gracias de especial? ¿De verdad es tan importante? ¿Qué enseña realmente a los niños?

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El Día de Acción de Gracias se celebra desde hace más de 400 años. Su origen se remonta a 1620, fecha en la que un grupo de inmigrantes llegaron desde Europa (concretamente, desde Inglaterra) a Estados Unidos. Los indios nativos de Massachusetts les ayudaron a trabajar las tierras y a prosperar. Como agradecimiento, los inmigrantes europeos organizaron una cena que duró varios días. Ahí comenzó todo.
 
Hoy en día, las familias reviven esta tradición, compartiendo un menú (que en el 88% de los casos se basa en el pavo asado) en torno a una mesa. Para quienes lo celebran, es como si fuera navidad. Sólo que lo que se celebra en este caso, es la importancia del valor de la gratitud. La familia da las gracias por tenerse los unos a los otros y por poder seguir compartiendo ese día año tras año. Seis enseñanzas del Día de Acción de Gracias para los niños:

1. La familia unida es más fuerte: aunque sea sólo ese día, la familia comparte una comida junta. La familia es un pilar básico y la unión la fortalece.

2. La gratitud es un valor esencial: un valor que ayuda al niño a ser generoso y a apreciar los ‘regalos inmateriales’.

3. Las cosas más sencillas son realmente las que tienen más valor: y suelen ser aquellas que recibimos a diario. Un beso, un abrazo o unas palabras de elogio. 

4. El valor de la paciencia: gracias al Black Friday,  aunque muchos lo vean como una ‘desvirtualización’ del Thanksgiving Day, se anima a los niños a ser pacientes y esperar a un día en concreto. El objetivo: ahorrar.

5. Comer todos juntos tiene sus ventajas: el resto de días, los trabajos, las prisas, el colegio… Es difícil coincidir para una comida. Pero ese día todos hacen un pausa en sus monótonas vidas y dedican su tiempo a quienes realmente lo merecen.

6. La gratitud va de la mano de otros valores: la gratitud es un valor tan o más importante que la humildad, la generosidad y la empatía.

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FAMILIA

La crianza de los padres puede influir en el riesgo de sufrir obesidad de sus hijos.

La obesidad es una enfermedad de origen multifactorial  en la cual no sólo puede influir la alimentación y el nivel de actividad física, sino también la forma de crianza de los padres, según lo señala un reciente estudio.

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Crianza sin calidez y mayor peso corporal
La investigación presentada en el Congreso Internacional de Obesidad de este año, evaluó a más de 10 mil niños del estudio longitudinal de padres e hijos de AVON, para establecer la relación entre el estilo de crianza durante la primera infancia y el peso de los niños en la infancia tardía, la adolescencia y edad adulta. Tras dividir el estilo de crianza en cuatro categorías diferentes y analizar datos durante dos décadas, se llegó a la conclusión de que la falta de calidez vinculada a la crianza autoritaria y negligente se asocia a mayor presencia de sobrepeso y obesidad.

La falta de calidez o de empatía en la crianza puede significar que un niño no autorregule adecuadamente la ingesta alimentos y que no respete sus necesidades de hambre y saciedad de forma natural. Los padres autoritarios que establecen reglas y presionan sin respetar las necesidades de sus hijos ni sus opiniones, podrían obligar a un pequeño a comer más allá de lo que verdaderamente necesitan o desean, así como también impedirles ir por un snack cuando tienen hambre. Mientras que un estilo de crianza negligente en el cual no hay reglas pero tampoco se presta especial atención a las necesidades y emociones de los pequeños, podría dar rienda suelta que los niños seleccionan alimentos poco sanos en el día a día y por ello, presentan un mayor riesgo de sobrepeso u obesidad  en etapas posteriores de la vida.

Cómo se puede ver, el modo de crianza más allá de otros hábitos y factores que predisponen a la obesidad,  puede afectar el peso corporal de los niños al incidir de forma indirecta en los comportamientos alimentarios de los pequeños. Somos plenamente responsables de la salud y la alimentación de nuestros hijos, siendo clave atender a sus emociones, respetar su poder de autorregulación innato para la ingesta de alimentos así como también, favorecer la elección y selección de alimentos saludables en el día a día.

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FAMILIA

Cómo cuidar a los adolescentes de los riesgos de las redes sociales, sin invadir su espacio.

El acoso, el ciberbullying y los challenges extremos son algunos de los riesgos a los que se exponen los adolescentes en las redes sociales. ¿Cómo cuidarlos sin violentar su privacidad? Te lo contamos.

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Para los jóvenes, las redes son mucho más que un espacio de entretenimiento o un medio para interactuar con sus pares. En este sentido, a través de ellas desarrollan y reafirman su identidad. Cuando advertimos que el teléfono móvil se ha transformado en una extensión de su mano, es cuando nos surgen las dudas típicas: ¿Hasta qué punto debemos supervisar el uso que nuestros hijos les dan a esas plataformas? ¿Cuáles son los límites? ¿Cómo asegurarnos de que no están en riesgo sin irrumpir en su intimidad?
 
Adolescentes en las redes sociales, ¿de qué les protegemos?
Los grupos etarios más vulnerables a ser víctimas de algún delito informático son los niños y adolescentes. Puede sonar paradójico, pero los que mejor manejan las plataformas digitales pueden ser los más perjudicados. Deberíamos proteger a los usuarios más jóvenes de Tik Tok, de Twitter, de Instagram o de Twitch de los siguientes peligros:
 
· Ciberbullyng.
· Grooming.
· Ciberadicción.
· Contenido altamente violento o perturbador.
· Fenómeno psicológico FOMO (Fear of missing out).
· Challenges peligrosos.
 
Cuidar sin exceso
Los riesgos de las redes sociales representan una amenaza contundente a la salud psíquica, emocional y física de los adolescentes. No obstante, prohibirles su uso no es opción en una realidad que tiene como protagonista al espacio digital. La necesidad de intimidad y espacio personal se presenta con fuerza y debemos respetarlo. 
En este sentido, vale la pena buscar el equilibrio para proteger a nuestros hijos de los riesgos de las redes sociales sin que eso implique invadir su privacidad  ni excluirlos socialmente. Estamos frente a un desafío más que complejo: cuidar sin exceso. ¿Cómo lograr el punto intermedio? Te damos algunos consejos. 
 
1.Conversa sobre los riesgos de las redes sociales: concientiza acerca de los riesgos y generar confianza para que recurra a ti cuando perciba que algo anda mal. 

2.Regular el uso de las redes sociales: como medida preventiva es importante circunscribir un espacio y un período de tiempo limitado para estar activo en la esfera virtual. La utilización desmedida de las plataformas digitales puede producir trastornos del sueño, del comportamiento, ansiedad y aislamiento, entre otros efectos.
 
3.Preguntar y escuchar a los jóvenes: es mejor generar un espacio seguro en el cual los jóvenes se sientan cómodos para expresar sus emociones.

4.Estar atento a las señales de peligro e involucrarse cuando sea necesario: puede ser una señal de alarma si advertimos alguna de estas conductas:
· Presenta un estado anímico inestable sin motivo aparente.
· No se comunica como antes.
· Expresa que no quiere ir al colegio de forma repentina.
· Presenta una preocupación excesiva y evidente mientras utiliza algún aparato tecnológico.
 
El camino más acertado para resguardar a los adolescentes sin que eso implique quebrantar su espacio íntimo, se alcanza a partir de la confianza y la comunicación. En definitiva, se trata de no caer en ninguno de los extremos. Debemos evitar tanto la supervisión extrema como la falta de ella.

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