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FAMILIA

¿Cómo reforzamos la relación con nuestros hijos?

La comunicación frecuente y sincera puede ayudar a estrechar lazos; sin embargo, algunos progenitores quizás no han considerado formas de abordarla.

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El vínculo entre padres e hijos es tan exigente como gratificante; al mismo tiempo, demanda sensibilidad y un cuidado diario. La comunicación frecuente y sincera puede ayudar a estrechar lazos; sin embargo, algunos progenitores quizás no han considerado formas de abordarla.

En función de la edad del niño y la etapa evolutiva que esté atravesando, unas preguntas serán más apropiadas que otras, y de la misma forma serán diferentes las respuestas obtenidas. Los pequeños darán contestaciones más imaginativas mientras los mayores ofrecerán información más elaborada; en cualquier caso, lo que es seguro es que los resultados pueden sorprendernos y hacerles saber que estamos presentes, disponibles e interesados en ellos, les ayudarán a garantizar su bienestar emocional.

Especialistas en terapia familiar consideran que preguntar: ¿Cómo te sientes?, es la pregunta estrella, que deberíamos realizar cada día. Para los niños es fundamental aprender a conectar con sus emociones, saber identificarlas, nombrarlas y expresarlas, y con esta cuestión les ofrecemos una valiosa oportunidad para realizar este proceso. Conocer la respuesta nos permitirá intervenir en caso que sea necesario; muchas veces damos por hecho que los menores están bien, que no tienen preocupaciones, cuando quizá están lidiando con la tristeza, la impotencia, la vergüenza o el miedo.

Al preguntar, tendemos puentes y abrimos caminos para una comunicación que quizá nunca llegaría de forma espontánea, preguntas como: ¿qué necesitas?, ¿cómo puedo ayudarte?, ¿hay algo que pueda hacer por ti?, ¿qué opinas tú?, o  ¿qué te gustaría cambiar?, les ayudaran a sentir que pueden elegir, que serán comprendidos y apoyados. Consolidar el vínculo de la comunicación no es tarea de un día, no basta con sentarse una tarde y realizar estas cuestiones, se trata de una carrera de fondo en la que hemos de estar disponibles cada día, para ellos será realmente enriquecedor.

FAMILIA

Los devastadores efectos de crecer con un padre o madre alcohólico.

El alcoholismo, así como otras adicciones, afecta a los hijos de los padres con este trastorno más de lo que nuestra sociedad quisiera reconocer, al punto de que podría cambiar la trayectoria de su juventud o su vida adulta. Aunque cada persona atraviesa esta situación de una forma distinta, hoy hablamos de algunos efectos que tiene el alcoholismo en la vida de los niños.

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El alcoholismo, así como otras adicciones, afecta a los hijos de los padres con este trastorno más de lo que nuestra sociedad quisiera reconocer, al punto de que podría cambiar la trayectoria de su juventud o su vida adulta. Aunque cada persona atraviesa esta situación de una forma distinta, hoy hablamos de algunos efectos que tiene el alcoholismo en la vida de los niños. 

1. La adicción al alcohol sacude el núcleo de un hogar y deja una sensación de falta de normalidad. El alcoholismo puede provocar problemas de confianza en los niños ya que los padres con dependencia al alcohol suelen tener un rasgo en común: la mentira.

2. El alcoholismo puede provocar que los niños busquen siempre la aprobación de los demás debido a que puede generar miedo al abandono, conformarse con relaciones tóxicas y miedo de expresar lo que se siente por temor a que se dé un abuso.

3. Los hijos de personas alcohólicas tienen un mayor riesgo de tener dependencia del alcohol. Otros, incluso, recurren al abuso de sustancias. Esto se debe a que el alcoholismo se normaliza en casa.
 
4. Los hijos de personas alcohólicas tienen un riesgo de ser víctimas de abuso infantil, aunque no todos los alcohólicos son abusivos o abusan de sus hijos, muchos expresan su ira en forma de abuso físico, emocional o verbal.

5. Los hijos de alcohólicos también podrían ser víctimas de negligencia como la alimentación, ropa, atención médica o tener un entorno seguro.

6. El alcoholismo puede provocar que los niños tengan dificultades en la escuela y sentimientos de infelicidad.

Si conoces a alguna familia trastocada por el alcoholismo, debes saber que hay organizaciones que pueden ayudarles a todos. No solo cuentan con reuniones para los adultos, sino también para los niños, tanto en inglés como en español.

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FAMILIA

Habilidades básicas para resolver conflictos con éxito.

Por ello,  es necesario aprender y practicar dos competencias básicas indispensable: la capacidad de reducir rápidamente el estrés en el momento necesario y la capacidad de seguir estando lo suficientemente cómodo con las propias emociones como para reaccionar de manera constructiva, incluso en medio de una discusión.

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Resolver conflictos con éxito depende, básicamente, de la capacidad de regular el estrés y de la capacidad para controlar las emociones. Aprender a resolver los conflictos de manera saludable aumentará la comprensión del otro, generará confianza y fortalecerá la relación, sea del tipo que sea.

Por ello,  es necesario aprender y practicar dos competencias básicas indispensable: la capacidad de reducir rápidamente el estrés en el momento necesario y la capacidad de seguir estando lo suficientemente cómodo con las propias emociones como para reaccionar de manera constructiva, incluso en medio de una discusión.

Reducir rápidamente el estrés: Primer pilar básico para la resolución de conflictos

La mejor manera de aliviar y reducir el estrés de forma rápida y fiable es a través de los sentidos y de la estimulación sensorial: un olor, un sabor, un sonido, una imagen, acariciar o apretar algo; todas las personas tienen algún truco para relajarse y tranquilizarse. Pero como cada persona reacciona de manera diferente a estos estímulos es necesario que cada uno encuentre aquellos que le tranquilizan y que sea capaz de evocarlos o ponerlos en práctica cuando lo necesiten.

Conciencia emocional: Segunda habilidad fundamental para resolver un conflicto

La conciencia emocional es la clave para la comprensión de uno mismo y de los demás. El que no sabe cómo se siente o por qué se siente de esa manera, no será capaz de comunicarse de manera efectiva o de resolver conflictos.

Aunque el conocimiento de los propios sentimientos puede sonar simple, muchas personas ignoran ciertas emociones, como la ira, la tristeza y el miedo. Sin embargo, la capacidad para manejar el conflicto depende de estar conectado con estos sentimientos.

La conciencia emocional le ayuda a entender lo que realmente está molestando a otras personas, a entenderse a uno mismo (incluyendo lo que realmente le preocupa), a mantenerse motivado hasta que se resuelva el conflicto, a comunicar de forma clara y eficaz y a atraer e influenciar a los otros.

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FAMILIA

Los niños también tienen días malos: compréndelos y ayúdales a enfrentarse a ello.

A los niños les ocurre exactamente lo mismo, con la diferencia de que su entendimiento y escasa capacidad verbal les impide expresar lo que sienten; especialmente cuando son muy pequeños.

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Los seres humanos albergamos en nuestro interior un sinfín de sentimientos y matices. En la mayoría de las ocasiones, los adultos somos capaces de poner palabras a lo que sentimos, y de comprender el por qué de nuestro estado anímico. 

A los niños les ocurre exactamente lo mismo, con la diferencia de que su entendimiento y escasa capacidad verbal les impide expresar lo que sienten; especialmente cuando son muy pequeños. Y como se sienten mal, lloran y se comportan de un modo que, en muchas ocasiones, no es tolerado socialmente. 

En estos casos es importante no dar la espalda al niño, ni minimizar sus emociones o impedirle que afloren con frases como, por ejemplo, “no es para tanto” o “deja de llorar”. Permítele sentir y acompáñale en su sentimiento.

Además, será muy positivo para el niño si empatizamos con él y le decimos que “entendemos su sentimiento, pues a nosotros también nos ha pasado alguna vez”. Tener un día malo es algo universal a cualquier ser humano, y en ese momento podemos ser una gran ayuda para él compartiendo nuestra experiencia y mostrándole una posible vía para afrontar la situación.

Pero el hecho de que entendamos su sentimiento no significa que debamos aprobar su comportamiento si, por ejemplo, está siendo irrespetuoso con las personas que están a su alrededor.

Todo lo que hacemos tiene consecuencias, positivas o negativas. Aquí lo importante es explicarles cuáles son las consecuencias de sus actos, para que comprendan la razón e importancia de hacer o no hacer ciertas cosas.

Los niños no nacen con herramientas para gestionar sus emociones, y es labor de los padres enseñarles a hacerlo:

  • Permitiéndoles sentir, y no obligándoles a reprimir ninguna emoción.
  • Ayudándoles a reconocer las emociones, es decir dotándoles de un vocabulario emocional para poner palabras a sus sentimientos.
  • Enseñarles a modular esa emoción en intensidad, duración e impacto.

Y en este punto cobra especial importancia todo lo mencionado anteriormente. Y es que cuando el niño está en un ambiente en el que se siente comprendido y apoyado en este sentido, es más fácil para él gestionar sus emociones.

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