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A pesar de que los adultos cometemos errores con frecuencia, muchas veces nos cuesta aceptar que también los cometan los niños. Pero ellos, que precisamente están aprendiendo a desarrollar habilidades para enfrentarse a la vida e interiorizar las normas sociales, son quienes más necesitan de nuestro apoyo en esos momentos.

Ante un error cometido por un niño, los padres no siempre actuamos correctamente, pues en muchas ocasiones tendemos a remarcárselo continuamente, nos quedamos anclados en lo que ha pasado y en las consecuencias que ese error ha tenido, y somos incapaces de dirigirnos a nuestros hijos con una actitud positiva.

Nuestra mirada, nuestros gestos o incluso lo que podemos llegar a decir movidos por el enfado (“me has defraudado”, “ya no te quiero”, “no me esperaba esto de ti”, “¡¿pero cómo se puede ser tan torpe?!”…), dañan terriblemente la autoestima del niño, le desmotivan, y le avergüenzan.

También puede ocurrir que el niño llegue a sentirse tan humillado por nosotros a causa del error cometido, que se ponga a la defensiva, se niegue a hablar o nos mienta, creándose al final un clima hostil, dañino y desalentador.

Sin embargo, si analizamos el error como algo propio de la inexperiencia, podemos encontrar en él una oportunidad maravillosa de aprender y de adquirir los conocimientos y habilidades que nos faltan para seguir progresando en la vida.

Por ello, lo primero que debemos hacer ante un error cometido por nuestro hijo es animarle a reconocerlo, a pedir perdón y a perdonarse a sí mismo, para después enfocarnos en encontrar una solución. Recordemos que si la autoestima de nuestro hijo se ve afectada por nuestros comentarios, o si se sintiera fustigado por lo que ha ocurrido, será difícil que adopte una actitud positiva para enfrentarse a los hechos.

Trabajar junto a nuestro hijo en encontrar soluciones de manera respetuosa, nos aleja de la humillación y la vergüenza, ayuda al niño a ganar confianza y autoestima, y le prepara para afrontar las diferentes situaciones que se irá encontrando en la vida. Solo es cuestión de cambiar la forma en la que miramos ese error, viéndolo como una oportunidad de aprender y mejorar, en lugar de como algo que se deba ocultar o criticar.

FAMILIA

“A los adolescentes, la vida real les parece lenta”: hablamos con Diana Jiménez sobre cómo afecta la crianza en la era de la inmediatez.

Sin darnos cuenta, vamos trasladando este “mundo de prisas” a nuestros hijos desde que son pequeños, aunque quizá los padres no seamos conscientes de este problema hasta que llegan a la adolescencia.

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Los adultos vivimos en un mundo de prisas. La vorágine del día a día, las responsabilidades y los imprevistos que siempre surgen nos acaban engullendo de forma atronadora, obligándonos a activar el ‘piloto automático’ desde que nos levantamos y hasta que nos acostamos. Y así, día tras día sentimos que el tiempo se nos escapa entre los dedos sin ser apenas conscientes de ello.

Quizá, uno de los grandes problemas de vivir deprisa es que trasladamos esa “inmediatez” a nuestros hijos. No en vano, según afirma Diana C. Jiménez, psicóloga, educadora en Disciplina Positiva y creadora de Infancia en Positivo y Adolescencia en Positivo, “muchos padres se quejan de que sus hijos lo quieren todo y lo quiere ya”.

“Vivimos instalados en la prisa y en una sociedad que solo valora el resultado final de la tarea, perdiendo de vista el proceso de ejecución de la misma. La era de la inmediatez nos hace esclavos del tiempo. Quizá pensábamos que esa rapidez nos iba a permitir hacer más cosas, pero bajo este “autoengaño” estamos viviendo la vida sin saborearla realmente” – expone Diana Jiménez.

“Los adultos entendemos qué significa esperar y sabemos que a veces la espera es necesaria. Pero para los niños es muy difícil entender y gestionar la espera; no solo porque su cerebro se está desarrollando y adquiriendo nuevos conceptos, sino porque a diario observan que prácticamente todo puede obtenerse al momento”


¿Qué podemos hacer los padres para evitar que nuestros hijos sean engullidos por la “era de la inmediatez”?
 
Para la experta, educar a nuestros hijos en responsabilidad, valores y compromiso resulta cada día más difícil. Por eso es importante reflexionar y ser conscientes de las interferencias cotidianas que afectan a nuestra relación con los hijos  y nos separan de ellos, así como procurar llevar a cabo una crianza basada en el respeto a sus ritmos y necesidades. Para ello, nuestro ejemplo y la forma en la que nos tomamos la vida es fundamental.

Por otro lado, Diana incide en la importancia de mantener a los hijos alejados de las pantallas y las redes sociales el mayor tiempo posible, y evitar caer en el clásico “he tenido que darle un móvil porque todos sus amigos ya tenían y él era el único”.

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FAMILIA

La importancia de que los niños tengan aficiones.

Para que los niños se sientan seguros y motivados a descubrir sus propias aficiones, es importante que podamos dialogar y respetar sus intereses y decisiones. Las aficiones no solo son una “válvula de escape”, sino que reportan muchísimos beneficios.

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Las aficiones y el ocio permiten hacer uso del tiempo de otra manera. Fuera de las tareas, las evaluaciones y el horario escolar, resulta positivo que los niños tengan otros intereses. Las aficiones no solo son una “válvula de escape”, sino que reportan muchísimos beneficios. Veamos cuáles son.
 
· Les permite explorar otros intereses, usos del tiempo y hasta descubrir talentos que no sabían que tenían.

· Los ayuda a aliviar el estrés. Muchas personas creen que el estrés es incompatible con la infancia. Sin embargo, esto no es así. Cada vez encontramos casos a más temprana edad debido a diferentes razones, como las obligaciones, las agendas de los adultos o el ritmo vertiginoso con que se vive en la actualidad.

· Constituye fuentes de aprendizaje y creatividad de una forma más libre y menos reglada. Incluso, refuerza otras habilidades, como por ejemplo mantenerse concentrado o empezar y finalizar una actividad, entre otras.

· Contribuye con su autoestima. Esto es porque se sienten útiles y valiosos al hacer algo que disfrutan. Al mismo tiempo, sienten la satisfacción del logro, lo que los vuelve más seguros. Poco a poco, tienen deseos de crecer en esa actividad, de mejorar y de potenciarse. Sin dudas, influye en el modo en que se ven y se sienten consigo mismos.

· Les permite establecer relaciones y contactos con otras personas. Tener un hobby y desarrollarlo en compañía de otros niños les da la posibilidad de relacionarse con sus pares y con quienes comparte esta afición. Allí ponen en juego múltiples habilidades sociales y psicológicas. Más allá de que las aficiones puedan ser individuales, siempre tienen un componente social, a través del cual los menores aprenden a relacionarse, a respetar normas y, a veces, a trabajar en equipo.

· Facilita el desarrollo de un sentido de pertenencia y aporta en la construcción de la identidad.
 
Es importante entender que en las aficiones de nuestros niños no debemos imponer nuestros propios gustos. Se trata de que podamos dejarlos ser y hacer lo que ellos elijan. Al mismo tiempo, habrá que aceptar que no siempre querrán seguir nuestro propio camino ni cumplir con nuestras expectativas.

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FAMILIA

¿La maternidad pone a prueba el matrimonio?

Es verdad que la maternidad pone a prueba el matrimonio, dado que cambia las circunstancias para siempre en la pareja. Esta nueva etapa debe verse como una forma más de demostrar amor y comprensión. La crianza del bebé permitirá aflorar cualidades valiosas que, sin su llegada, no se hubiese puesto de manifiesto.

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La llegada de un hijo es una experiencia hermosa y única, que supone cambios significativos en la vida matrimonial. El nuevo integrante de la familia capta toda la atención, el tiempo y el espacio de sus padres, por lo que podrías pensar que la maternidad es un desafío para la pareja.

El cuidado diario del recién nacido va a repercutir indiscutiblemente en la vida de la pareja. Esto implica que quizás pasarán menos tiempo juntos. A su vez, tareas como amamantar, bañar o cambiar al bebé te quitarán horas de sueño y esto influirá en tu estado de ánimo.

Algunos padres podrían concluir que la llegada del bebé ha venido a desunir la pareja. Si piensas que la maternidad pone a prueba el matrimonio, es mejor que te enfoques en esto como un asunto de adaptación a nuevas circunstancias. En tal sentido, si la maternidad pone a prueba el matrimonio ¿Qué puedes hacer para superarlo?

Te dejamos unos consejos sencillos que puedes poner en práctica para enfrentar la situación:

  • Dile a tu pareja cuánto lo quieres y demuéstraselo con acciones.
  • Asegúrate de desvanecer cualquier inseguridad que la otra persona pueda empezar a sentir.
  • Hablen sobre sus necesidades sexuales.
  • Muestren compasión el uno por el otro, sean pacientes y claros, eviten dar rodeos a la hora de comunicarse.
  • Dale reconocimiento a lo que hace el otro: Valorar y agradecer su esfuerzo ayuda a profundizar el amor que se tienen mutuamente.

En definitiva, es verdad que la maternidad pone a prueba el matrimonio, dado que cambia las circunstancias para siempre en la pareja. Esta nueva etapa debe verse como una forma más de demostrar amor y comprensión. La crianza del bebé permitirá aflorar cualidades valiosas que, sin su llegada, no se hubiese puesto de manifiesto.

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