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Lo más habitual es que las personas, después de una separación, deseen iniciar una nueva relación de pareja. Pero lo más probable es que uno de los dos, o los dos, tengan hijos de las parejas anteriores. Y la cosa se complica más cuando la nueva pareja tiene hijos comunes además de los que ya tenían.

Entonces, se da lo que conocemos como familias reconstituidas, donde los niños conviven con uno de sus progenitores, la pareja de este y, probablemente, sus hijos también.
Para los niños, la situación puede ser difícil de llevar. La adaptación a la nueva situación dependerá, básicamente, de lo superada que tengan la separación de los propios padres y cómo estos lleven el tema.

Si la separación ha sido amistosa y los niños no se han visto implicados en los problemas  de los adultos, la adaptación a las decisiones posteriores de los padres va a ser mucho más fácil. En cambio, si los progenitores, o uno de ellos, no ha asimilado la situación, los niños van a vivir la nueva vida de los padres con mucha angustia y dificultad.

Consejos para mejorar la convivencia con los niños en las familias reconstituidas.

  • Espacio y tiempo. Es necesario que los niños tengan su espacio en la nueva familia, tanto espacio físico, como espacio para estar con sus respectivos padres. Una recomendación sería intentar pasar tiempo a solas con tus hijos para hacer actividades con ellos, así como pasar tiempo en familia todos juntos.
  • Paciencia. Cada niño tiene su ritmo; a algunos les será más fácil adaptarse, pero a otros les costará más. Según los expertos, la edad más difícil para que los niño se adapten a una nueva familia es entre los 10 y los 14 años.
  • Normas. Es muy importante establecer unas normas de convivencia en la nueva familia. Estas normas se deben decidir dentro del nuevo núcleo familiar entre todos los miembros.
  • Implicar a todos los miembros. Es esencial hacer actividades compartidas, repartir las responsabilidades, pactar las normas, y repartir espacios y tiempo entre todos.
  • Poner Límites: Muchos padres se sienten mal porque creen que la situación ya es bastante dura para ellos. Temen el hecho de que si ponen límites a sus hijos, estos se pondrán en su contra.

Así pues, aunque para los niños va a ser un cambio vital verse dentro de un nuevo núcleo familiar, si se tienen en cuenta estos puntos, la adaptación va a ser mucho más fácil para todos, niños y mayores. Además, no podemos olvidar que la nueva familia nunca podrá funcionar como una familia nuclear, ya que no lo es. Si eliminamos estas expectativas de familia ‘normal’, también podremos liberarnos de muchas frustraciones y hacerlo todo más fácil para todos.

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FAMILIA

5 consejos para enseñar a los niños el valor del agradecimiento.

Te explicamos cómo puedes educar a tu hijo en el importantísimo valor de la gratitud, con 5 pautas sencillas aprenderás cómo enseñar a un niño a dar las gracias.

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Hay que explicarles la importancia de la gratitud, de dar las gracias al otro, este hecho da felicidad, tanto a quién las da para responder con el afecto, como a quien las recibe por una buena acción. Pero, ¿Qué cosas puedo hacer para que mis hijos sean agradecidos? Te dejamos aquí 5 actividades para enseñar la gratitud a los niños.

1. Dar ejemplo: Esta es rotunda; DA EJEMPLO. No puedes pedirles a tus hijos que den las gracias, si no te ven a ti hacerlo, es así de sencillo. Los niños aprenden por imitación, si tu no lo haces, ellos tampoco.

2. Apreciar lo material y lo inmaterial: Enseñarles que se pueden dar las gracias por lo material, o por pequeñas acciones no materiales.

3. Ser agradecido con uno mismo: Que sean agradecidos con ellos mismos por pequeños gestos o acciones que hagan, como preparar la mochila, hacer la cama, etc.

4. Gracias al final de las frases: Que se acostumbren a terminar las frases con la palabra “gracias”.

5. La palabra mágica: Que sean conscientes que es una palabra mágica, que mejora las relaciones entre las personas y que emocionalmente incluye dentro de sí mucha empatía.

El propósito es reflexionar lo que tuvimos en el día y agradecerlo. Pide a los niños que mencionen al menos 5 cosas que pueden agradecer y después de unos días superar el número. Quizá al principio les cueste trabajo encontrar 5 cosas, es normal, podrás ver que poco a poco se les hace más fácil hacerlo, ya que van practicando la habilidad de darse cuenta de lo que tienen y lo que les pasa. Con estas acciones, un niño empieza a ser agradecido, y un niño que es agradecido suele ser más paciente y tolerante con los que le rodean, suele ser más altruista y empático, menos egoísta, lo que provoca menos problemas de conducta, y sobre todo es más optimista y positivo.

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Día de Acción de Gracias, ¿Qué enseña a los niños?

En Estados Unidos este día es casi más importante que el día de Navidad. Y se celebra como tal. Las familias se preparan durante toda la semana, se felicitan con antelación y las calles este día se quedan desiertas. ¿Qué tiene el Día de Acción de Gracias de especial? ¿De verdad es tan importante? ¿Qué enseña realmente a los niños?

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El Día de Acción de Gracias se celebra desde hace más de 400 años. Su origen se remonta a 1620, fecha en la que un grupo de inmigrantes llegaron desde Europa (concretamente, desde Inglaterra) a Estados Unidos. Los indios nativos de Massachusetts les ayudaron a trabajar las tierras y a prosperar. Como agradecimiento, los inmigrantes europeos organizaron una cena que duró varios días. Ahí comenzó todo.
 
Hoy en día, las familias reviven esta tradición, compartiendo un menú (que en el 88% de los casos se basa en el pavo asado) en torno a una mesa. Para quienes lo celebran, es como si fuera navidad. Sólo que lo que se celebra en este caso, es la importancia del valor de la gratitud. La familia da las gracias por tenerse los unos a los otros y por poder seguir compartiendo ese día año tras año. Seis enseñanzas del Día de Acción de Gracias para los niños:

1. La familia unida es más fuerte: aunque sea sólo ese día, la familia comparte una comida junta. La familia es un pilar básico y la unión la fortalece.

2. La gratitud es un valor esencial: un valor que ayuda al niño a ser generoso y a apreciar los ‘regalos inmateriales’.

3. Las cosas más sencillas son realmente las que tienen más valor: y suelen ser aquellas que recibimos a diario. Un beso, un abrazo o unas palabras de elogio. 

4. El valor de la paciencia: gracias al Black Friday,  aunque muchos lo vean como una ‘desvirtualización’ del Thanksgiving Day, se anima a los niños a ser pacientes y esperar a un día en concreto. El objetivo: ahorrar.

5. Comer todos juntos tiene sus ventajas: el resto de días, los trabajos, las prisas, el colegio… Es difícil coincidir para una comida. Pero ese día todos hacen un pausa en sus monótonas vidas y dedican su tiempo a quienes realmente lo merecen.

6. La gratitud va de la mano de otros valores: la gratitud es un valor tan o más importante que la humildad, la generosidad y la empatía.

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FAMILIA

La crianza de los padres puede influir en el riesgo de sufrir obesidad de sus hijos.

La obesidad es una enfermedad de origen multifactorial  en la cual no sólo puede influir la alimentación y el nivel de actividad física, sino también la forma de crianza de los padres, según lo señala un reciente estudio.

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Crianza sin calidez y mayor peso corporal
La investigación presentada en el Congreso Internacional de Obesidad de este año, evaluó a más de 10 mil niños del estudio longitudinal de padres e hijos de AVON, para establecer la relación entre el estilo de crianza durante la primera infancia y el peso de los niños en la infancia tardía, la adolescencia y edad adulta. Tras dividir el estilo de crianza en cuatro categorías diferentes y analizar datos durante dos décadas, se llegó a la conclusión de que la falta de calidez vinculada a la crianza autoritaria y negligente se asocia a mayor presencia de sobrepeso y obesidad.

La falta de calidez o de empatía en la crianza puede significar que un niño no autorregule adecuadamente la ingesta alimentos y que no respete sus necesidades de hambre y saciedad de forma natural. Los padres autoritarios que establecen reglas y presionan sin respetar las necesidades de sus hijos ni sus opiniones, podrían obligar a un pequeño a comer más allá de lo que verdaderamente necesitan o desean, así como también impedirles ir por un snack cuando tienen hambre. Mientras que un estilo de crianza negligente en el cual no hay reglas pero tampoco se presta especial atención a las necesidades y emociones de los pequeños, podría dar rienda suelta que los niños seleccionan alimentos poco sanos en el día a día y por ello, presentan un mayor riesgo de sobrepeso u obesidad  en etapas posteriores de la vida.

Cómo se puede ver, el modo de crianza más allá de otros hábitos y factores que predisponen a la obesidad,  puede afectar el peso corporal de los niños al incidir de forma indirecta en los comportamientos alimentarios de los pequeños. Somos plenamente responsables de la salud y la alimentación de nuestros hijos, siendo clave atender a sus emociones, respetar su poder de autorregulación innato para la ingesta de alimentos así como también, favorecer la elección y selección de alimentos saludables en el día a día.

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