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Entre las situaciones que más temor genera a los progenitores se encuentran las siguientes:

Consumo de alcohol y otras sustancias. Es posible que los adolescentes puedan verse tentados a consumir alcohol en una búsqueda de vivir nuevas experiencias. También, es posible que tomen contacto con otras sustancias, como la marihuana.

Primeras salidas nocturnas. También, en esta etapa cambian los planes. El juntarse para jugar a la pelota puede convertirse en una salida a una fiesta, en donde también hay jóvenes de mayor edad y en donde se surgen otras dinámicas. Las salidas nocturnas suelen venir de la mano con el alcohol.

Exploración de la sexualidad. Esta es una etapa en donde el interés por el otro también implica nuevas y distintas formas de acercarse.

Baja percepción del riesgo y dificultad en el control de los impulsos. Los adolescentes creen que lo pueden todo. Esto hace que, muchas veces, se expongan a situaciones de peligro. Además, esto se ve potenciado por el hecho de buscar la aceptación de sus pares, por lo cual se vuelven incapaces de poner límites y de decir que no.

Cambios en el cuerpo. No se trata por los cambios corporales en sí mismos, sino por el modo en que el adolescente los vivencie. En esta etapa, empieza a sentirse la preocupación por la figura y la presión por los ideales de belleza, en donde hay cuerpos que son hegemónicos.

Peligro de las redes sociales. Con adolescentes cada vez más conectados al mundo digital, también aumentan los peligros. El ciberbullying, la pornografía, los engaños o los desnudos virales, son algunos ejemplos. Así, muchos padres viven como un auténtico desafío el hecho de respetar la intimidad de los jóvenes en las redes sociales, al tiempo que buscan protegerlos.

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FAMILIA

Cómo ayudar a los niños a concentrarse para estudiar mejor.

Llega la hora del estudio en casa, y a algunos niños les cuesta mucho ponerse, o mantener la atención en la tarea. Falta de motivación, dificultades para concentrarse, dispersión mental, falta de hábitos y rutinas… las causas son múltiples.

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¿Cómo podemos trabajar con ellos este hábito que es el del estudio? ¿Cómo promover la concentración para que el estudio sea más provechoso? Hablamos de algunas ideas clave para fomentar un ambiente de estudio adecuado y, sobre todo, para ayudar a los niños a concentrarse para estudiar mejor.

Gaste energía antes de empezar. Mover el cuerpo alista el cerebro para aprender. Haz que tu hijo camine o vaya en bicicleta a la escuela, que juegue afuera después de clase, haga oficios en casa o forme parte de un equipo de algún deporte. Asegúrate de que haya tenido ocasión de correr, caminar o saltar antes de sentarse a hacer sus tareas escolares.

Apaguen pantallas y celulares. Antes de que tu hijo comience a trabajar en sus tareas o cualquier otra actividad que exija concentración, apaga la televisión. Si hay personas que la están viendo, asegúrate de que tu hijo está lo bastante alejado para no distraerse. Además, apaga el computador o haz que tu hijo se siente lejos de él. Si tu hijo tiene un teléfono celular, pídele que lo apague.

Hagan una lista de tareas. Los niños pueden poner ansiosos si tienen muchas tareas escolares y domésticas. Para ayudar a tu hijo a concentrarse en terminarlas hagan una lista juntos de todo lo que necesita hacer en el día o la semana. Cada vez que complete una tarea, pueden tacharla de la lista.

Usen señales. Trata de evitar las conversaciones mientras tu hijo está trabajando. Para eliminar distracciones, tu hijo y tú pueden acordar unas cuantas señales básicas. Por ejemplo, señala tu mesa con el dedo para indicarle que debe volver a su trabajo. O levanta la mano para hacerle saber que debe interrumpir lo que está haciendo y sentarse a trabajar. A veces basta con poner la mano en el hombro del niño para que vuelva a concentrarse.

Tomen pequeños descansos. Asegúrate de que tu hijo toma algunos descansos durante el tiempo que dedica a las tareas escolares. Después de trabajar 10 o 20 minutos (según su edad) puede levantarse, dar unos pasos y beber algo antes de volver al trabajo. No permita que se concentre en otra actividad llamativa durante estos descansos: solo deben ser unos pocos minutos de relajación y nada más.

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Cómo hablar con los niños sobre los prejuicios raciales.

Los niños aprenden sobre las diferencias y los prejuicios raciales desde una edad temprana y aprenden de sus primeros maestros, sus padres, a lidiar con estas diferencias y reaccionar ante ellas.

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El proceso de aprendizaje de los prejuicios raciales no se diferencia mucho del proceso de aprendizaje de un idioma nuevo (por ejemplo, un niño criado bilingüe en comparación con un niño que comienza a aprender inglés en la escuela preparatoria). La biología determina un período de aprendizaje temprano crítico y otro período posterior en el que el aprendizaje es mucho más difícil. Es por ello que, hablar con los hijos sobre el racismo puede ser difícil. A algunos padres les preocupa exponer a sus hijos a temas como el racismo y la discriminación a temprana edad. Otros evitan hablar sobre cuestiones que ellos mismos no entienden plenamente o con las que se sienten incómodos. Sin embargo, aquellos que han experimentado racismo, no tienen esas opciones.

Estrategias para ayudar a los niños a lidiar con los prejuicios raciales

Hay tres estrategias que los padres pueden utilizar para ayudar a sus hijos a lidiar con los prejuicios raciales:

  • Hablar con sus hijos y reconocer que las diferencias y los prejuicios raciales existen.
  • Afrontar sus propios prejuicios y actuar como ejemplo de la manera en que desean que sus hijos actúen ante otras personas que puedan ser diferentes a ellos.
  • Incentivar a sus hijos para que cuestionen los estereotipos y prejuicios raciales siendo amables y compasivos al interactuar con personas de todos los grupos raciales, étnicos y culturales.

Consejos sobre cómo hablar de las diferencias raciales y el racismo

Hablar sobre las diferencias raciales no es ser racista. Es lo correcto y es importante. Desde pequeños, es posible que los niños tengan preguntas sobre las diferencias raciales y los padres deben estar preparados para responderlas. Sin embargo, es importante tener en cuenta la etapa evolutiva de su hijo.

  • Para los niños en edad preescolar: a esta edad, quizá su hijo empiece a notar y a señalar diferencias en las personas que lo rodean (es decir, en la tienda de comestibles, en el parque, etc.). Si su hijo le pregunta sobre el tono de la piel de otra persona, puede decirle: “¡No es maravilloso que todos seamos tan distintos!”. Incluso puede colocar su brazo al lado del de él o ella para mostrarle los diferentes tonos de piel dentro de su familia. 
  • Para los niños que están en la escuela primaria: esta es la edad en que es importante ablar abiertamente con su hijo acerca de las razas, la diversidad y el racismo. Conversar sobre estos temas lo ayudará a verlo a usted como una fuente de información confiable sobre el asunto, y quizá él o ella recurra a usted si tiene alguna pregunta. Señale los estereotipos y los prejuicios raciales en los medios de comunicación  y en los libros, tales como los villanos o “los malos” de las películas.
  • Si su hijo hace comentarios o preguntas sobre incidentes escolares relacionados con las diferencias raciales o sobre algo que vio o leyó: continúe la charla con preguntas como “¿Qué piensas sobre eso?” y “¿Por qué lo piensas?”. Esto también puede ser útil si su hijo escucha algún comentario insensible o si él o ella sufre discriminación racial. Antes de responder a su comentario o pregunta, averigüe de dónde vino y qué significa desde el punto de vista de su hijo.

Estas charlas comienzan a sentar las bases para que su hijo acepte y respete las diferencias y similitudes entre todas las personas. A medida que los niños crezcan, las respuestas a las preguntas se volverán más complejas. Estos son momentos para conocer lo que su hijo entiende o intenta entender respecto a los prejuicios raciales.

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Claves para manejar la presión social en la adolescencia.

La presión social alude a un tipo especial de influencia ejercida entre las personas que pertenecen a un mismo grupo. En ocasiones, es inconsciente (como un líder dando ejemplo de determinadas conductas) y otras es a propósito. Aunque no siempre sea perjudicial, siempre va a mover al resto de individuos a comportarse de una determinada manera para sentirse parte del grupo.

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Por tanto, la presión social puede tener dos tipos de impacto, positivo o negativo. El primero de ellos estimula el crecimiento personal, creando individuos más abiertos, tolerantes o responsables. Sin embargo, la negativa es la que todos tememos: un factor de riesgo de que un adolescente comience a consumir drogas, genere conflictos o discrimine a los demás. En esta etapa, la capacidad de juzgar las influencias de los pares como buenas o malas varía de unos adolescentes a otros. Hablamos de un desafío que implica a la persona, pero también a su entorno. Así, entendido el contexto, vamos a ver algunas ideas útiles para conseguir que la necesidad de pertenencia.

Trabajar habilidades de afrontamiento. Los adolescentes dedican muchos recursos a encontrar la mejor estrategia para entrar o salir de un determinado contexto social. Dentro de los recursos psicológicos para manejar con acierto las situaciones sociales se encuentran la autoestima y el asertividad.

Dar valor al propio autoconocimiento. Tus prioridades y tus necesidades, así como tu identidad, son tan válidas como las de cualquiera. Incluso si difieren de lo normativo de tu ambiente. Si tu prioridad es sacar buenas notas, es válido. Si tu forma de ocio es jugar videojuegos, también; aunque el resto prefiera pasear o ir al cine.

Rodéate de las personas adecuadas. Lo más importante para manejar la presión social en la adolescencia es encontrar un grupo que sea realmente un espacio seguro,  en el que no se discrimine a nadie y se brinde apoyo social.

El apoyo de los pares y la familia. Por último, cabe señalar el papel de los pares, de la familia y de la sociedad en general a la hora de minimizar la presión social negativa sobre los adolescentes.Como amigo, intenta no imponer aquello que te parece correcto: si es un comportamiento positivo, lo normal es que se termine imponiendo, aunque no sea en primera instancia, sin que tengas que hacer presión.

Por otro lado, si convives con un adolescente, recuerda que su personalidad e identidad están en formación y tu influencia será decisiva. Además de ser un buen modelo de conducta, deberás ofrecer consejo y guía desde el cariño y el refuerzo y, sobre todo, nunca invalidar sus necesidades o emociones.

Y, como miembro de la sociedad, siguen siendo en buena medida un reflejo de lo que ha sucedido en su entorno. Si queremos que la adolescencia deje de enfrentarse a pruebas tan difíciles como la presión social negativa, la mejor solución será siempre promover valores de tolerancia, respeto y la libertad.

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