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Video de soldados adorando se hace viral

La interpretación de “La tierra canta, el cielo adora” en el que se pueden apreciar a varios de los efectivos uniformados llorando, logra estremecer a quienes lo han visto vía Youtube.

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El video en el que aparece un importante grupo de soldados de los Estados Unidos en una iglesia adorando al Señor se ha vuelto viral y en muy pocos días ha sobrepasado el millón de vistas, levantando cometarios acerca de como se puede sentir la presencia del Estpíritu Santo incluso en la computadora o el celular.

La interpretación de “La tierra canta, el cielo adora” en el que se pueden apreciar a varios de los efectivos uniformados llorando, logra estremecer a quienes lo han visto vía Youtube. Hombres y mujeres de nuestras fuerzas armadas, en comunión con el altísimo que logra emular en popularidad a videos comerciales y que ha sido publicado en diversas cuentas del popular servicio de videos.

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UN TESTIMONIO.

En todo el tiempo que nos reunimos en este lugar, la lluvia no ha sido un problema, casi siempre a la hora del culto no llueve. 

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Cultos al aire libre. 

Nos reunimos bajo la sombra de varios árboles de aguacate. Todos sembrados de manera estratégica como para formar un templo, pero el que lo hizo nunca pensó en que serviría para celebrar cultos de adoración a Dios. 

En todo el tiempo que nos reunimos en este lugar, la lluvia no ha sido un problema, casi siempre a la hora del culto no llueve.  

Leí la siguiente historia en un devocional y me di cuenta que Dios celebra cultos al aire libre. Parece que son sus templos favoritos.  Esta historia coincide con la nuestra.

Dice así:

Un domingo, al sentarme debajo del árbol que nos sirve de templo, mis pensamientos se concentraron en la lluvia, o mejor dicho, en la falta de lluvia. Entonces recordé que en los 14 meses que yo había vivido en la jungla, ningún culto de nuestra iglesia había sido cancelado por lluvia. De pronto sentí que Dios me decía: “Por supuesto que no. Ustedes se reúnen debajo de un árbol. No puede haber culto si está lloviendo. Yo tengo ese detalle bajo mi control”.

¡Qué increíble descubrimiento! Nunca se me había ocurrido que necesitábamos buen clima para funcionar como iglesia, pero Dios ya se había encargado de eso. Ni siquiera me molesté en orar pidiendo buen clima para las reuniones. Sin embargo Dios tenía todo bajo control.

 “Cada uno se sentará bajo su parra y bajo su higuera, y no habrá quien {los} atemorice, porque la boca del SEÑOR de los ejércitos ha hablado.”

Miqueas 4:4

Señor. Gracias por qué tú te gozas al ver a tu pueblo adorarte bajo las sombras de los árboles. Amén.

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Una fe basada en la Palabra no vacila.

No hay nada como una fe voluble que inquiete y aceche nuestras almas. Quienes tienen una fe así, un día creen en el amor de Dios y al día siguiente desconfían de él.

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“Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7).

No hay nada como una fe voluble que inquiete y aceche nuestras almas. Quienes tienen una fe así, un día creen en el amor de Dios y al día siguiente desconfían de él. Suben la colina de la alegría muy rápido y pronto vuelven a bajar al valle de la muerte. Si un turista sale un día hacia un destino, pero al día siguiente regresa a su punto de partida, significa que no llegará a ningún lado. Del mismo modo, un alma vacilante jamás podrá llegar a donde Dios la quiere llevar.

Seguramente, muchos piensan que Dios es el que hace que nuestra relación con Él sea variable. No obstante, cuando el Señor nos inquieta, es porque quiere pasarnos por un proceso de bendición, que nace de Su amor, y que nos llevará a la paz y la estabilidad. Muy por el contrario, la vacilación causada por la falta de fe es seguida por la confusión y, finalmente, por una duda dañina que lastima nuestra confianza en el amor de Dios. Y quiero hacer énfasis en esto. No recibimos el amor de Dios porque seamos buenos. La fe no nace de nuestra justicia, sino de Su bondad. Por eso, solo tenemos que esperar en la perfección de Dios y no en la nuestra. La desconfianza que surge en nuestra relación con el Señor tiene que ver con las malas experiencias que vivimos en nuestras relaciones terrenales. Sin embargo, la verdad es que en Su perfecto amor no caben las dudas ni el temor.

La desconfianza y la confianza no pueden coexistir

Así como una vida estable está directamente asociada con la fe, la vida espiritual inestable está asociada a la desconfianza. Esta es una regla que no se puede ignorar ni evadir.

El motivo de una esperanza vacilante no es el pecado, sino la falta de fe que tenemos en nuestro interior. La fe es la única puerta para entrar al reino de Dios y no hay otra manera. Esto es porque la salvación no es un objeto que se pueda comprar con dinero, ni algo que se pueda alcanzar con el esfuerzo humano como si se tratara de la cima de una montaña. Es un regalo que simplemente decidimos recibir, pero que se nos entrega exclusivamente a través de la fe.

Cuando Jesús dijo: “Conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mateo 9:29), se refería precisamente a eso; y cuanto más rápido comprendamos esa verdad, en esa misma medida mejorará nuestra vida de fe. Con esto quiero decir que la duda surge por no creer en esta regla. Por eso, aunque en una primera instancia afirmamos entender la Palabra, no aceptamos su verdadero significado y pensamos que debe haber algo más detrás de su explicación, al punto que lo que interpretamos del pasaje es que las cosas se darán conforme a nuestros esfuerzos, peticiones o condiciones. Y esta confusión llega a ser tan fuerte, que llegamos a pensar que nuestras creencias están por encima de la verdad de la Palabra.

Lo más inconstante en este mundo son las emociones del hombre. De hecho, nuestras ideas sobre el valor de nuestra existencia y la fe en Jesucristo cambian a cada rato. Por eso, una persona que viva su relación con Dios basándose en las emociones, pude llegar a rechazar la fidelidad y la verdad de la Palabra, según su estado emocional. Por lo tanto, la mejor manera de vencer la duda cada vez que surja es confrontándola con la convicción que tenemos en la Palabra, la cual es mucho más confiable que nuestras emociones.

El pecado de la gente nunca fue una limitante para que Jesús obrara milagrosamente en la vida de las personas, mientras estuvo aquí en la tierra. Sin embargo, la falta de fe sí fue un obstáculo. Esto aplica a nosotros hoy en día. Por eso, Santiago afirmó: “No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:7). Esto no lo dijo Dios para expresar Su disgusto contra aquellos que desconfiaban de Él, sino para expresar que la desconfianza y la fe no pueden coexistir ni en las relaciones terrenales ni en las espirituales.

Aferrarnos a la fe, incluso cuando nos decepcionamos de nosotros mismos

La manera más efectiva de eliminar la falta de fe es presentarla ante Dios. O sea, mostrarle con honestidad la parte de nuestro corazón que desconfía y contarle todos nuestros problemas. Luego, debemos recordar que Él es quien nos da el poder para creer. Entonces, mientras luchamos para vencer los argumentos que nos hacen dudar, Dios se encargará de dotarnos con la fe necesaria para cada día, a través de Su Espíritu. Recordemos que la duda es uno de los principales objetivos del enemigo y que no proviene de Dios.

Si comenzó su caminar de fe decidido a creer en todas las promesas y pactos de Dios, entonces aférrese a esas verdades hasta el fin y sin vacilar.

Las emociones del hombre son sumamente inconstantes. Por lo tanto, una fe basada en los estados emocionales tenderá a vacilar.

En cambio, la Palabra de Dios es inmutable. Por eso, una fe basada en la Palabra también es inmutable.

Con Dios no existe un punto medio, porque Su Palabra es verdad y Él es inmutable. Por eso, no debemos vacilar ante las situaciones dificiles ni ante el sufrimiento que provoca nuestro propio pecado. Si descubre un pecado, piense en 1 Juan 1:9 y siga estos pasos: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. Luego, crea en que Dios lo purificó de toda maldad. Aunque se trate de un pecado grave, si lo confesamos como lo indica el pasaje, nada puede separarnos de Dios. En cambio, si permitimos que el pecado sacuda nuestra fe, estaremos haciendo más pesada la carga que ya llevamos. Por ende, aférrese firmemente a la Palabra de Dios con fe, aun cuando se sienta vacilar por el pecado. 

Decida creer porque Dios lo dijo y no porque lo haya visto con sus propios ojos o porque lo haya sentido. Decida creer, aunque se sienta confundido(a). Decida, creer en la oscuridad y en la luz. Proteja su fe activa y firmemente, tanto en la paz como en la aflicción. Solo así desaparecerá la desconfianza y la incertidumbre. “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).

Por más que sea un pecado grave, confiéselo e, inmediatamente, aférrese con firmeza a la Palabra de Dios. Si elige conservar la fe, ya sea en la oscuridad o en la luz, se desvanecerá la duda.

Tomado de Dios de todo consuelo de Hannah Whitall Smith.

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El Espíritu Santo obra para la gloria de Cristo.

La Biblia registra la obra del Espíritu Santo desde Génesis hasta Apocalipsis. Él es el Dios viviente, la Tercera Persona de la Trinidad.

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“Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).

La obra: La creación, realizada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, incluye a La creación de Adán, en donde se puede ver a Dios extendiendo Su mano hacia Adán, mientras él hace lo mismo. Esta es la manera del artista de expresar la escena en la que Dios sopla aliento de vida a través del Espíritu Santo en la nariz del hombre; sin embargo, sus dedos no se tocan. Por este motivo, vino el Espíritu Santo, para unir al hombre con Dios. 

La Biblia registra la obra del Espíritu Santo desde Génesis hasta Apocalipsis. Él es el Dios viviente, la Tercera Persona de la Trinidad. En el principio, estuvo a cargo de la creación del universo y vino a la tierra como nuestro Consolador, para enseñarnos y recordarnos todo lo que dijo Jesús, el Hijo de Dios (Jn. 14:26). En contraste con la primera venida de Jesús que fue desapercibida por muchos, el advenimiento del Espíritu Santo fue público, pues vino como un viento recio, con lenguas repartidas como de fuego (Hch. 2:1-3).

Observemos cómo se transformó Pedro tras recibir la llenura del Espíritu Santo. El cobarde y miedoso Pedro se convirtió en un hombre nuevo mediante el Espíritu. Cuando anunció la Palabra de Jesús con denuedo, tres mil hombres volvieron al Señor arrepentidos. En otra ocasión, 5.000 hombres aceptaron a Cristo (Hch. 2:41; 4:4).

El Espíritu Santo da testimonio de Jesús y nos enseña la Palabra. El Espíritu Santo es un ser personal. Cuando mora dentro de nosotros, transforma nuestro ser y nuestras obras.

Él nos da a conocer a Jesucristo

El Espíritu Santo nos permite ver y sentir a Jesús en el presente, aunque estuvo en la tierra hace 2.000 años como hombre. El Espíritu de Dios busca glorificar a Jesús, testificando ante los hombres (Jn. 16:12-15) que Él es el Salvador (Cristo). El Espíritu Santo nos ayuda a aceptar las buenas nuevas: que Jesús vino para morir en la cruz por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. “¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (He. 9:14). Antes del advenimiento del Espíritu Santo, el hombre no entendía qué significaba que Jesús, el Unigénito de Dios, muriera en la cruz por sus pecados. Es por su obra que hoy entendemos que somos pecadores, necesitamos el evangelio de la cruz y adoramos a Dios en gratitud.

Cuanto más confiemos en el Espíritu Santo para orar, más pensaremos en Jesús y más recordaremos Su Palabra, ya que la voz del Espíritu nos señala a Cristo y nos transmite tal cual su voluntad.

El Maestro por excelencia

No hay ministerio más bueno y hermoso que el “ministerio del Espíritu Santo”, quien nos habla y nos ayuda a escuchar, a ver y a sentir. Nos enseña lo que es puro, santo, verdadero y benigno. No solo aboga por los creyentes, sino que testifica en contra del mundo. El Espíritu Santo es nuestro Maestro; Él nos amonesta y nos corrige. Examinemos nuestra vida y preguntémonos si no hemos vivido como esclavos de la potestad del pecado, de la muerte y de los espíritus inmundos. Si intentamos resolver los problemas a nuestra manera y según nuestros criterios, no solucionaremos nada. Así que dejemos de intentar tener el control de las situaciones y encomendemos todo en las manos del Espíritu Santo. Necesitamos Su poder para vencer a las potestades del maligno. Además, si contamos con Su llenura, no pensaremos en pecar. Por lo tanto, pidámosle al Espíritu Santo que acabe con nuestros malos hábitos, que corrija nuestro carácter y nuestra manera incorrecta de pensar. 

Como el Espíritu Santo es un ser personal, obra de acuerdo con la vida y al carácter de cada individuo. Quebranta el corazón endurecido y nos da uno nuevo, transformando nuestras vidas. El que está lleno del Espíritu Santo ya no tiene impurezas, experimenta un cambio en su rostro, en sus pensamientos, en su forma de hablar y de actuar. No es un cambio impuesto, sino voluntario y lleno de gozo. El Espíritu de Dios viene a moldear nuestro raciocinio y nuestras emociones; por eso, hablamos de lo que al Espíritu Santo le agrada, con una nueva forma de pensar, de razonar y de hablar. Como se llena un vaso de agua, así llena Dios nuestro espíritu y alma. Y allí, donde corre el agua de vida del Espíritu Santo, hay milagros. El Espíritu Santo hace florecer la vida en la tierra reseca y da vida a los seres marinos en peligro de muerte (Ez. 47:1-12). Si el Espíritu Santo está con nosotros, nuestro ministerio dará asombrosos frutos: el culto será impactante y todos los miembros de la iglesia impactarán a otros en su propio caminar.

Los que no conocen a Dios no conocen la obra del Espíritu Santo, mientras que Sus hijos sí. Él desea intervenir en nuestro ser y hacer correr ríos de agua de nuestro interior. Le pido al Espíritu Santo que santifique nuestra iglesia, y nos utilice para dar a conocer Su gloria y poder al mundo.

La obra del Espíritu Santo es como agua de vida que llena el mundo entero restaurando la gloria de la iglesia.

Pastor Ha Yong-jo, fundador de la Iglesia Onnuri, Duranno Press y CGNTV. Apóstol del amor y hombre de visión, que dio su vida por el evangelio. Autor de Será feliz si tiene su tiempo devocionalUna iglesia como la de Hechos y otros 60 libros. 

La bendición de caminar con Jesús, del pastor Ha Yong-jo.

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