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Salud y Vida

Cantidad de horas sentados al día disparan el riesgo de empeoramiento de la salud. 

El aumento del tiempo que pasamos sentados ha ido creciendo en la sociedad moderna debido a unas ocupaciones sedentarias, cambios en los patrones de transporte y la aparición de productos tecnológicos que realizan por nosotros algunas tareas.

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El aumento del tiempo que pasamos sentados ha ido creciendo en la sociedad moderna debido a unas ocupaciones sedentarias, cambios en los patrones de transporte y la aparición de productos tecnológicos que realizan por nosotros algunas tareas.

El objetivo de una reciente investigación publicada en la prestigiosa JAMA Cardiology comprobaron lo que parece ser un umbral de horas sentado al día a partir del cual aumenta de forma exponencial los riesgos de un empeoramiento de salud. Dicho umbral se sitúa entre seis y ocho horas para el riesgo de mortalidad por todas las causas y de unas ocho a diez horas para la aparición de una enfermedad cardiovascular.

Aunque existen esas recomendaciones de umbrales de horas sentados que no deben de ser superados, existen muchos factores extra que debemos tener en cuenta: tipo de alimentación, calidad del sueño, cantidad de actividad física y otros factores del estilo de vida.
Muchas de las ocupaciones laborales nos exigen estar ocho horas sentados, a lo que debemos sumar el tiempo sentados en el transporte y en casa. Los países de menores ingresos van siguiendo la línea de los países más desarrollados, con la consecuente pérdida de salud que eso conlleva.

La actividad física es nuestro gran atenuante, incluso más que disminuir el tiempo de sedestación. Es decir, tiene menor riesgo para la salud estar sentados durante seis horas al día, pero ser activos el resto del tiempo, que pasar sentados cuatro horas al día, pero tener un estilo de vida poco saludable el resto del tiempo.
Pasar más de seis horas al día sentados sin contrarrestarlo con actividad física y una buena alimentación aumenta drásticamente el riesgo de mortalidad por todas las causas y de aparición de una enfermedad cardiovascular.

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Subir de peso al empezar al gimnasio: ¿es normal?

Todo esto se debe a cambios a nivel metabólico que implican la activación del sistema muscular y también, la retención de líquidos  por parte de nuestros músculos para enfrentar mejor el esfuerzo futuro y recuperarse tras el mismo.

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Los primeros días entrenamiento físico sobre todo si hemos pasado de un estilo de vida sedentario a activo, podemos experimentar hinchazón, retención de líquidos  y al mismo tiempo un incremento del peso corporal.

Todo esto se debe a cambios a nivel metabólico que implican la activación del sistema muscular y también, la retención de líquidos  por parte de nuestros músculos para enfrentar mejor el esfuerzo futuro y recuperarse tras el mismo. Es decir, nuestro cuerpo se prepara para ser más eficiente ante el ejercicio.

Con el paso de los días, el peso corporal puede sostenerse en uno o dos kilos más, mientras que la retención de líquidos o la hinchazón suele desaparecer conforme nos habituamos al entrenamiento.

Este mayor peso corporal  implica la ganancia de masa masa muscular y  se traduce en mejor salud para el organismo, a expensas muchas veces de  una reducción en la grasa corporal y un metabolismo más activo que, a largo plazo, puede conducirnos al descenso de peso.

Por todo esto, si has aumentado de peso al empezar el gimnasio o cualquier  otro ejercicio físico esto no debe ser motivo de alarma, ya que constituye un cambio normal de nuestro organismo que igualmente nos  beneficiará. Y si buscamos adelgazar, a largo plazo será posible siempre y cuando acompañemos el entrenamiento de una dieta sana y otros hábitosde vida adecuados.


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Salud y Vida

Hábitos emocionales: ¿cuáles son los tuyos?

Los hábitos impregnan nuestra vida, facilitando nuestro día a día al permitirnos ahorrar energía.

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Se puede definir un hábito como una forma determinada de conducirse o actuar que se ha adquirido por repetición. Se ha convertido así en una tendencia, que se reproduce de forma automática y sin que haya deliberación por parte de la persona.

Los hábitos impregnan nuestra vida, facilitando nuestro día a día al permitirnos ahorrar energía. Probablemente, no seas consciente de muchos de tus actos cuando te lavas los dientes, conduces hasta tu trabajo o te preparas el desayuno. La secuencia está tan arraigada que tu cuerpo sabe hacerla prácticamente solo. Pues bien, algo similar sucede con tu estado emocional. Todos hemos adquirido ciertos patrones o tendencias de respuesta también en este plano.

Los hábitos emocionales pueden modificarse siguiendo una serie de pasos. Es fundamental en primer lugar identificarlos y entender cuáles son sus detonadores;así podremos actuar deliberadamente de otro modo en esos momentos y establecer una nueva secuencia que quede grabada en su lugar.

· ¿Cuál ha sido tu estado de ánimo predominante el último día?, ¿y el último mes?, ¿y el último año? Comprobarás que no es tan difícil responder a esta cuestión, pues todos tenemos una cierta tendencia emocional.

· ¿Cuáles son tus reacciones típicas ante determinadas situaciones? Los hábitos emocionales son muy fáciles de detectar si nos fijamos en cómo reaccionamos ante eventos desafiantes. Por ejemplo, si tu hijo deja la habitación desordenada, puedes verte secuestrado por la ira y reaccionar con gritos y amenazas. Si discutes con un amigo, puedes ver cómo te reprimes, te inhibes y te aíslas en lugar de ser asertivo. O si te proponen un nuevo desafío laboral, puedes ver cómo reaccionas con temor, ansiedad y falta de confianza. Si estas reacciones se repiten frecuentemente ante situaciones similares, has encontrado tus hábitos emocionales

Si aun así te cuesta identificarlos, puedes pedir ayuda a tus personas más cercanas. En ocasiones, desde fuera es más sencillo reconocer lo que ocurre que cuando hablamos de nosotros mismos.


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Salud y Vida

Estos son los efectos adversos sobre nuestra salud de cenar mucho y tarde.

Comer por la noche, particularmente antes de acostarse, ha recibido una atención considerable. Se ha propuesto limitar los alimentos antes de dormir por la noche como una estrategia de pérdida de peso y un enfoque para mejorar la salud y la composición corporal. Consumir comidas copiosas o la mayoría de los nutrientes diarios a última hora de la noche puede aumentar la susceptibilidad a la obesidad y otras enfermedades cardiometabólicas.

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Comer por la noche, particularmente antes de acostarse, ha recibido una atención considerable. Se ha propuesto limitar los alimentos antes de dormir por la noche como una estrategia de pérdida de peso y un enfoque para mejorar la salud y la composición corporal.

Consumir comidas copiosas o la mayoría de los nutrientes diarios a última hora de la noche puede aumentar la susceptibilidad a la obesidad y otras enfermedades cardiometabólicas.

Cenar mucho (sobre todo carbohidratos) puede aumentar las probabilidades de sufrir, además de enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes tipo 2, sobrepeso, etc.
Esto no es algo que venga de la nada y que se relacione con una mayor ingesta calórica, y es que todo tiene que ver con nuestros ritmos circadianos y cómo afectan los ciclos luz-oscuridad a nuestras hormonas.

Hay una hormona, que es la insulina, que se encarga de introducir los nutrientes a las células para que estas crezcan y puedan cumplir sus funciones. La acción de esta hormona es muy eficiente sobre todo por la mañana y mediodía, pues hace miles de años, nosotros nos encargábamos de recolectar y comer durante ese momento del día, por lo que nuestro cuerpo tenía que ser tolerante a todos los nutrientes. Ya por la tarde-noche, la acción de esta hormona disminuía porque no introducíamos alimentos hasta el día siguiente.

Esta mecánica ha cambiado un poco desde la occidentalización de la sociedad, ya que normalmente el volumen de nuestras ingestas nocturnas es bastante mayor. El problema con esto viene a que si consumimos muchos alimentos pero la acción de la insulina no es eficiente, nos lleva a que nuestros niveles de glucosa en sangre permanezcan elevados  por más tiempo, y eso lleva a un aumento en el riesgo de sufrir las enfermedades comentadas anteriormente.

Por ello, si eres una persona deportista, no hay mucho problema con ingerir carbohidratos por la noche, pues son necesarios para poder rendir luego. Por otro lado, si eres una persona que no hace deporte, es mejor evitar introducir carbohidratos, y no es porque se vaya a ganar más o menos grasa, sino por el impacto negativo que puede tener en la salud.


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